A veces me gusta cerrar los ojos y pensar qué hubiera sido de nosotros si aquella noche hubiese aferrado más fuerte tu mano junto a la mía. Me gusta imaginar un universo paralelo, donde tú y yo todavía estamos juntos, soñando entre juegos y abrazos, riendo entre cosquillas y besos.

Te quise tanto (te sigo queriendo más allá del espacio y el tiempo) que no creí posible la equidad de nuestros sentimientos. Sin embargo, el brillo de tus ojos a la luz de la luna, me determinó que tu cariño también fue sincero.

Pero el destino decidió que no era nuestro momento, o quizás fui yo, que excusándome en el frío de esa noche de octubre, huí al amparo y oscuridad del cemento. No sólo huía del viento, sino también de ese momento, que aún cuando locamente lo hubiésemos querido, no era tuyo, ni mío, ni nuestro.

Todavía te busco en las noches frías de octubre, y sueño tu voz, tus ojos, tu aliento. Los sueño tan cerca, los sueño tan ciertos, que soñando despierto y no encuentro consuelo.

Quisiera creer que en alguna otra vida volveré a cruzarme tus ojos traviesos, y sonreiremos sabiendo que nos conocimos una noche olvidada hace ya mucho tiempo. Hablaremos por horas como viejos amigos, reiremos al unísono con cada recuerdo. Y al entrelazarse otra vez tu mano a la mía, reuniré el valor para decirte te quiero. 

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4 comentarios en “Recuerdos de un octubre olvidado

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