Vida en abundancia

Quiero llorar. Pero no de tristeza o angustia, ni por razones que abruman mi corazón en un lugar tan recóndito que no puedo descubrir cuáles son. Estoy feliz, feliz al punto de desbordarme en un mar de lágrimas. Estoy feliz porque te quiero, porque tuve la gracia de que te hayas cruzado en el camino de mi vida para romper con todos mis esquemas.

Dos años y ocho meses de esta vorágine en la cual hubo tantas sonrisas como lágrimas, tantos buenos momentos como peleas. Amagamos muchas veces, costó horrores, pero nunca nos soltamos de la mano. Y hoy no podría estarte más agradecida por ello. Por ser mi sostén y mi baluarte. Por ser la razón de tantas sonrisas. Por ser el abrazo en el cual ahogar cada una de mis penas. Por tu risa que es magia y tus besos que me elevan hasta el cielo. Por el brillo de tus ojos, que se refleja en mi alma y hace que me sienta plena. Por enseñarme que la felicidad no necesariamente tiene que estar escrita como yo lo esperaba.

A veces te quejás de no haber sido el primero, pero sé con certeza que sos el último. Y ser el último te convierte en el primero, porque habiendo visto el mundo, con vos me quedo. Si me dieran la posibilidad, te volvería a elegir hoy y todos los días por el resto de mi vida. Porque de vos escribí amor, cuando antes sólo había sido capaz de escribir mis penas. Porque a tu lado aprendí que toda entrega lleva un sacrificio, y todo sacrificio tiene su recompensa. Porque me enseñaste que el camino de la felicidad no es fácil y que huyendo no se solucionan las cosas. Porque a tu lado dejé de escapar cuando las cosas se volvían complicadas y aprendí a perseverar. Porque me sostuviste cada vez que quise bajar los brazos. Y porque, por sobre todas las cosas, me quisiste tanto… Que de a poco aprendí a quererte de vuelta.

Si la vida fuese poesía, en cada rima pondría tu sonrisa, y en cada verso, tu mirada.

Hola. Sé que vos también.

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Somewhere

Hoy te pensé.

Con la mirada perdida en un horizonte más lejano que las gotas de lluvia que golpeaban contra el cristal, te recordé. Me pregunté que sería de tu vida, así como hago de vez en cuando con todas aquellas personas que alguna vez pasaron por la mía. Si bien mis recuerdos en tu compañía son cada día más lejanos y remotos, de una absurda adolescencia de la que poco queda en esta caricatura de adulto que estoy empeñada en dibujar, aún me pregunto qué sucedería si algún día volviera a verte.

No te extraño, no te quiero, no te odio, no te nada. Simplemente, te recuerdo. Porque así soy. Mi alma se alimenta de recuerdos e historias inventadas, mezclándolos al punto de no saber distinguir unos de otras. Y entonces, cabe formular la inevitable pregunta… ¿Fuiste real?

No lo sé. De pronto me doy cuenta de que no soy capaz de responder a esa pregunta. Quizás lo fuiste en toda tu esencia, tan sólo un poco, o tal vez nada. Pero yo te recuerdo. Y por si acaso llego a olvidarte, te esconderé entre los versos de esa canción que tanto me recuerda a ti. Así, mantendré viva tu presencia en lo más profundo de aquella melodía, no sea cosa que algún día vuelva a cruzarte…

Somewhere between the sacred silence and sleep.

Y si algún día tú también olvidas quién eres, ya sabes dónde encontrarte.

Metamorfosis

Al principio, pensaba que para empezar esta nueva etapa de mi vida, de mis escritos, debía hacer borrón y cuenta nueva, deshacerme de todos los retazos de mi pasado que me ataban a una oscuridad que de a poco estoy intentando dejar atrás. Sin embargo, a veces es bueno aferrarse a los recuerdos, a aquello que te hizo llegar a ser quien sos en el presente. Incluso cuando duelen tan intensamente como un puñal clavado hasta el centro del corazón.

Después de haber impreso y encuadernado prácticamente todas y cada una de las cosas que escribí a lo largo de los últimos años, sentí cómo finalmente cerraba las puertas a aquel monstruo destructivo que llevo dentro mío desde que tengo uso de razón. Quizás aprendimos a convivir juntos y a dejar de dañarnos el uno al otro, o tal vez sencillamente se aburrió de hacerme la vida imposible y decidió dejarme ser feliz.

Por esta misma razón, me resultó extremadamente complicado regresar a aquel lugar que fue el océano en donde ahogar mis angustias cuando ni siquiera las lágrimas o los gritos parecían alcanzar. Se veía tan imponente, tan complejo, que no parecía correcto quebrantar aquella mística con este cruel intento de existir sin autodestruirme. Fue así que decidí continuar en otro lugar, sin dejar atrás mis palabras hiperbólicas, que acaso existan oídos no peripatéticos dispuestos a oírlas. Y así, siguió mi metamorfosis, tal como describía mi continua transformación, a través de las preguntas.

Y es que creo que eso acabó sucediendo. Meses y meses cuestionándome cosas, preguntándome, buscando respuestas, hasta que finalmente parecieron apaciguarse. De hecho, es casi como si hubiesen desaparecido los restos de ese alguien que alguna vez fui. O tal vez sólo se sumieron en un eterno letargo del cual no estoy segura de querer despertarlos. Aún habiendo cumplido aquel temor pasado, aún habiéndome perdido, de algo estoy momentáneamente segura… Todavía no quiero encontrar el camino de vuelta.